La caridad política

Podemos preguntarnos, frente a los resultados obtenidos durante décadas por “políticos de carrera”: ¿tan malo puede resultar el pinto como el colorado?

En los niveles de precariedad en que se encuentra la clase política en México, la caridad de su oferta partidista con candidatos del espectáculo es poco menos que tirarle un mendrugo de pan duro a un leproso, porque el asco y repulsión hacia el desposeído, “como lo es el pueblo”, es tan brutal que con pan y circo se pretende suplir la responsabilidad gubernamental.

El escenario de los candidatos del mundo del espectáculo es directamente proporcional al grado de pauperización política de la partidocracia, ello es innegable, pero vomitable y ampliamente cuestionable porque se está jugando una farsa del tamaño del mundo que, lamentablemente, habrá de tener efectos nocivos frente a la impericia política de estos candidatos de la “caridad política”. Aunque cabe preguntar frente a los dividendos obtenidos durante décadas por la sociedad civil por los “políticos de carrera”: ¿qué tan malo puede resultar el pinto que el colorado?

La pregunta es miserable, indica que la podredumbre de la clase política es de tal magnitud que los candidatos de la caridad política del espectáculo por lo menos pueden alegrar la vista y el oído, pese a que de política y compromiso ciudadano entiendan menos que ratón en pista de circo.

En la autocrítica hay que admitir que la ciudadanía y su precaria cultura política, e inclusive interés en su gobierno y país, ha causado este contubernio tácito con la clase política, que ha hecho nata en los encargos públicos empobreciendo a la ciudadanía y a la realidad social “salvo raras excepciones individuales y de partido”.

¿Pero cómo puede haber caridad política ante la pobreza de la propia clase política? Desde luego que de ninguna manera, porque lo que ofrecen no llega a ello.

La caridad se expresa por voluntad y misericordia; la política se expresa por pericia y protocolo de Estado, creando condiciones estructurales y sistémicas para solucionar los problemas de la sociedad y generar oportunidades para la misma, admitiendo que la voluntad política del pueblo debe hacer gobierno y que jamás puede ser sustituida por la caridad.

Pan y circo parecen ser más gratificantes que edificar un país en el esfuerzo y la probidad política; pan y circo es una receta ampliamente probada desde la antigua Roma, ¿será México el paraíso del pan y circo?

 

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Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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