La tiranía del Super-Yo

Todos soñamos, aspiramos a ser alguien, una creación mental ineludible. El “Super-Yo” es la construcción imaginaria de un modelo ideal. Tal ideal orienta nuestro esfuerzo, fija metas, moldea la personalidad. Implica selección de valores, modales; define el sentido de la vida propia y condiciona hábitos y virtudes: cómo hablo, visto; cómo y hacia dónde nos permitimos ser educados.

El simple “yo” es la persona real de verdad. No la conocemos del todo, tiene capacidades conocidas o ignoradas en algún grado, con tendencias, inclinaciones, limitaciones, apetitos, gustos, cualidades, características, diferencias, parecidos y condicionantes de todo tipo. La realidad del propio ser se va descubriendo al tomar conciencia, y cambia la creencia del autoconcepto conforme adquirimos sabiduría.

El “Super yo” es consciente, y conocido desde que soñamos, nos imaginamos y propusimos ser de tal o cual forma. Así que el “Super – yo” cuaja en un imperativo moral lleno de autoexigencias: “Yo debo/tengo que ser así”, “estar allí”, “tener eso”, “parecerme a”, “saber aquello”, llegar a, conseguir, etcétera.

Asemejarnos a ese ideal causa un deseo adictivo. Nos identificamos (“ya me vi”), queremos creer que somos así (efecto Pigmaleón) y “bien positivos” nos presentamos a los demás presumiendo ese “Super – Yo”… que existe sólo en nuestra imaginación como deber moral autoimpuesto.

El “Super-Yo” tiene tres “anzuelos“: es fácil soñar, el concepto es claro y causa placer contemplarnos así. Por el contrario el “Yo” es misterioso. No es fácil conocerse, descubrir los propios límites requiere intentos, oportunidades, esfuerzo. Atemoriza el fracaso, amenaza recursos y reconocer una realidad no tan agraciada causa aversión. No da placer ser humildes y reconocer fallas ni vicios. Duele la decepción: la realidad nos sorprende descubriendo a “frentazos” que NO somos como creíamos/queremos ser. A veces reaccionamos como no queremos, rebasamos o no alcanzamos los límites de nuestro autoconcepto consciente.

Entre ideal y realidad hay una diferencia, tal distancia causa estrés, coraje, desaliento, miedo… El ideal puede moldearse, y el propio ser también, mas ese moldeado duele. Cambiar cuesta. Exigirse demasiado poco es de mediocres conformistas. Exigirse mucho es de soberbios. Si además nos aferramos al “Super Yo”, el imperativo moral es una tiranía que exige imposibles, anulando al “Yo” y logrando odio, desprecio y rencor contra uno mismo, porque soy incapaz de realizar mi sueño. Fracaso tras fracaso coleccionamos tristeza y decepción. Incluso trasladamos el imperativo y exigimos a otros ser “como deben ser, según yo”.

No puedo ser feliz sin paz, al reconciliarme y conformarme alegremente con un “Super-Yo” más modesto, posible y humano, que me permita amarme como sí soy, viendo en mí cualidades verdaderas que no valoro ni quiero ver ni puse en mi ideal.

Por: Carlos Enrique Arias Vera

"Carlos Enrique Arias Vera, un ser humano peregrino por la vida, oriundo de una ciudad (Pachuca) y familia cosmopolitas, y diversificado en variadas aficiones, entre ellas el canto y las letras, docente de vocación, con grado de maestría, de profesión ingeniero civil. Tiene una curiosidad versátil y siempre insatisfecha. La mezcla de su formación académica, con la afición autodidacta a las artes y la práctica de algunos deportes y actividades, le confieren una cosmo visión personal sui géneris que comparte al tamiz de una filosofía dinámica, incluyente y matizada, y al igual que México, evoca un crisol del cual emerge un mosaico de opiniones y observaciones."






VIÑA Y SAL - Carlos Enrique Arias Vera

"Carlos Enrique Arias Vera, un ser humano peregrino por la vida, oriundo de una ciudad (Pachuca) y familia cosmopolitas, y diversificado en variadas aficiones, entre ellas el canto y las letras, docente de vocación, con grado de maestría, de profesión ingeniero civil. Tiene una curiosidad versátil y siempre insatisfecha. La mezcla de su formación académica, con la afición autodidacta a las artes y la práctica de algunos deportes y actividades, le confieren una cosmo visión personal sui géneris que comparte al tamiz de una filosofía dinámica, incluyente y matizada, y al igual que México, evoca un crisol del cual emerge un mosaico de opiniones y observaciones."