Lo que creemos del fin de la cuarentena

UN PASO A LA VEZ. El 31 de mayo no es el último día de abrazar a Susana Distancia, sino una oportunidad para cortar de raíz lo que hace de México un país tan desigual y siempre al filo del peligro.

El próximo domingo 31 de mayo se acaba oficialmente la cuarentena en México, misma que bajo el nombre institucional de “Jornada Nacional de Sana Distancia” intentó frenar la transmisión del covid-19 mediante el confinamiento y la distancia física. Sin embargo, la mayor de las estrategias de salud pública en nuestro país tuvo que lidiar no sólo con la desconfianza que existe por parte de los ciudadanos con respecto a las decisiones políticas de las autoridades mexicanas, sino también con la idiosincrasia del mexicano, esa que encuentra en el valemadrismo la fe inquebrantable y la omnipotencia, características que forman parte de sus más grandes virtudes, pero también de sus mayores defectos.

No es ningún secreto que tras sucumbir a huracanes, incendios y terremotos, los mexicanos hemos encontrado la fuerza necesaria para unirnos y salir adelante,quizás por eso buscamos, como sociedad y de manera inconsciente, mantener nuestra vulnerabilidad latente o llevarla al límite social, pues sabemos que siempre, alguna ocurrencia disfrazada de ‘mexicanada’, podrá ayudar a la resolución del problema. Si algo nos caracterizamos en este país es ser creativos y hacer de las desgracias una oportunidad humorística de salir adelante. El mexicano es todo corazón, todo terreno, toda pasión y es, a veces, esa pasión desmedida la que funge como traicionera.

En México vivimos con una intensidad superlativa las reacciones pasionales, nos podemos desbordar a favor de un presidente dándole el máximo de votos en la historia de la democracia moderna, para que también, pasados varios meses, le reventemos con el mismo fervor. Podemos poner todas las esperanzas en sucesos metafísicos pero también increpar avances científicos. Abandonamos el encierro para ir en búsqueda de cerveza o para celebrar a niños y madres, y desafiamos a las autoridades, porque podrán convencernos de todo, menos de que nuestra cultura, ese mexican power, no es prioritaria en la vida diaria.

¿Cómo encontrar puntos medios en una sociedad de contrastes? ¿Cómo homologar procesos en un país tan desigual? ¿Cómo regresar semaforizados al mundo exterior? ¿Cómo convencernos de lo que nos conviene cuando hay tantos intereses de por medio?

Difícil pensar que la nueva normalidad postule a un nuevo mexicano, pero ahora más que nunca, a las ya mencionadas características idiosincráticas, debemos sumarle la corresponsabilidad. El mexicano debe ser capaz de identificar su pequeña gran aportación para encontrar en el bien común un tesoro poco explorado. La mal llamada “distancia social” debe ser, si acaso, una distancia meramente física, que lo social no nos excluya más. Que nos una lo que tanto nos aleja, que el patriotismo no sea demagogia estéril.

Necesitamos menos machos-héroes-individualistas y más alianzas socialesmenos mexicanos y más México. Necesitamos, ciertamente, aprovechar este reset mundial para redefinirnos, de lo contrario continuaremos naufragando en un país tan rico culturalmente como perverso.

Quizás el fin de la cuarentena sólo es el inicio del fin de la sociedad tal y como la conocemos.

Autor: Omar Méndez Castillo

Psicología y Psicoanálisis por la Universidad Autónoma de Nuevo León; Psicología social por la Universitat Autónoma de Barcelona. Oaxaqueño de nacimiento y regiomontano por adopción. Intereses en la educación, el género, el bienestar social, los grupos vulnerables, la participación ciudadana y los deportes. Se ha desarrollado como Psicólogo clínico, funcionario público, consultor, editor y catedrático.


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