Sastres electorales

Las encuestas, si son serias, fortalecen la vida democrática, pero el problema llega cuando no obedecen a un trabajo honesto, sino a las exigencias de un grupo o personaje.

En tiempos electorales se da la aparición de encuestas que supuestamente reflejan la voluntad ciudadana en favor de fulano o zutano, lo que no tiene nada de raro, pues desde los años ochenta estos trabajos con una muestra de personas forman parte de las estrategias políticas para posicionar a los gallos de una pelea electoral.

 

De manera general, no es una mala práctica porque fortalece la vida democrática, pues cuando varias encuestas profesionales señalan que la voluntad ciudadana se inclina por el mismo personaje, se cierran las puertas a movidas chuecas en la elección. EL PROBLEMA llega cuando las encuestas no obedecen a un trabajo honesto, sino a las exigencias de un grupo o personaje, el cual convierte a los encuestadores en sastres electorales que confeccionan trajes a la medida obedeciendo al refrán: “El que paga manda“. De este modo se le quita el valor a la encuesta, porque no es verdadera y lo que dice obedece a una opinión o a una exigencia del que la manda a hacer.

 

En Hidalgo ya empezaron a aparecer encuestas que intentan evidenciar la supuesta decisión de la ciudadanía. Algunas no parecen muy serias, porque no aportan información sobre su metodología, temporalidad, patrocinio y menos de quién vienen. Reflejan más bien la intención de generar simpatía y apoyo de quien o quienes hacen la encuesta, y están muy lejos de lo que es realmente un trabajo de esta naturaleza.

 

Las encuestas no son elecciones, pero si son serias ayudan a dar certeza a los resultados. Otra cosa es un esquema más político y ya como parte de una estrategia de altura cuando es a gran escala, buscando que se convierta en punta de lanza informativa, subrayando su resultado ya como información, en que señala a un supuesto ganador. En estos casos, es evidente que se busca influir en la voluntad ciudadana con la aseveración de que ya hay un ganador de acuerdo a la encuesta, para que viendo estos datos los demás se sumen a la tendencia.

 

En la lucha electoral parece que de todo se vale y la manipulación con encuestas a modo no es extraña. Por eso aparece los sastres electorales, que diseñan trajes a la medida. A veces le atinan, pero la mayoría de las veces no y esos trajes se hacen viejos y forman parte del anecdotario político.


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