¿La juventud en contra de la 4T?

El momento más citado del mitin de la presidenta Claudia Sheinbaum fue la frase: “Que nadie se equivoque, las y los jóvenes están en su gran mayoría con la transformación”. La frase es una respuesta directa a las movilizaciones juveniles de noviembre que cuestionaron la seguridad y el rumbo del país.

El gobierno llega al 7º aniversario de la 4T con una aprobación todavía alta, pero a la baja, sobre todo entre jóvenes, tras semanas de protestas y de episodios de violencia que desgastaron la imagen presidencial. El mitin en el Zócalo no puede leerse sólo como una celebración”, más bien es una operación política de control de daños.

Llevar a miles de personas al centro de la capital, mostrar al aparato de Morena alineado y hablar de siete años de conquistas” es un mensaje hacia adentro y hacia afuera: la presidenta quiere demostrar que, pese al desgaste, conserva el control del movimiento. El problema es que el discurso se quedó casi por completo en esa clave interna y dejó poco espacio para responder de manera autocrítica al contexto que lo hizo necesario.

El discurso de Claudia Sheinbaum fue eficaz pero encapsulado. En términos retóricos, el mensaje está bien construido, ordenado, lleno de cifras favorables —salario mínimo, inversión extranjera, programas sociales— y con una narrativa clara de continuidad con López Obrador. Es el guion clásico de la 4T: pueblo vs élites, oligarquía vs democracia, transformación vs viejo régimen.

Sin embargo, esa eficacia tiene un costo, el discurso vive en una burbuja propia, donde casi no existen matices ni sombras. Los problemas más sensibles del momento —inseguridad, asesinatos de autoridades locales, malestar juvenil— aparecen diluidos o reencuadrados como campañas de odio y difamación” impulsadas por conservadores nacionales y extranjeros.

Desde el punto de vista periodístico, eso es un giro significativo, la presidenta no sólo rebaja el peso de las críticas, sino que las convierte en prueba de la fortaleza del proyecto. Es una estrategia política válida, pero empobrece el mensaje como ejercicio de rendición de cuentas.

Una de las partes más llamativas del discurso es la insistencia en que, por más consultores de comunicación” y campañas sucias en redes”, la oposición no podrá con el pueblo ni con la presidenta. A ello se suma la afirmación de que México no es colonia ni protectorado de nadie” sino un país que defiende su soberanía frente a intereses extranjeros.

El problema es que, llevado al extremo, este tipo de narrativa termina desgastando la deliberación democrática: quien cuestiona la inseguridad, la corrupción o la eficacia de los programas corre el riesgo de ser etiquetado como parte de una campaña de odio”. Para un gobierno que se dice heredero de una tradición democrática, la línea entre defensa legítima y victimismo permanente empieza a verse borrosa.

El momento más citado del mitin fue la frase: Que nadie se equivoque, las y los jóvenes están en su gran mayoría con la transformación”. La frase es una respuesta directa a las movilizaciones juveniles de noviembre, que cuestionaron la seguridad y el rumbo del país.

Pero aquí la crítica es inevitable, afirmar que la mayoría de los jóvenes está con la 4T no sustituye la necesidad de escucharlos, entender por qué protestan y responder con políticas concretas. Los datos de aprobación muestran justamente que el segmento donde más ha caído el respaldo al gobierno es el de 18 a 24 años.

Decir desde un templete abarrotado que los jóvenes están con nosotros” puede funcionar para quienes ya están convencidos, pero frente a quienes marcharon semanas antes suena más a reapropiación simbólica que a diálogo real.

Una prueba elemental fue en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde abuchearon a la presidenta por la imprudencia de Alicia Bárcena de querer decir que las y los jóvenes apoyan el movimiento frente al actor estadounidense Richard Gere, lo que ocasionó un momento bochornoso de México ante los Estados Unidos y ante el mundo.