Al anunciarse el equipo mexicano que participará en el Campeonato Mundial de Béisbol, cuya actividad inicia el próximo miércoles, la primera impresión fue que luce inferior al conjunto que obtuvo el tercer lugar en el pasado certamen.
De entrada, faltaban algunas estrellas de Grandes Ligas, como Isaac Paredes, quien aún no firmaba contrato. La percepción se acentuó cuando otros estelares como José Urquidy y Ramón Urías también se bajaron del barco.
Esa situación permitió al manager Benjamín Gil cumplir uno de sus sueños: convocar a su hijo Mateo Gil, decisión que inevitablemente será cuestionada si el joven no responde en el terreno de juego.
La principal carencia del representativo nacional parece estar en el pitcheo. Ya no están Julio Urías ni Urquidy, y ahora los “caballos” serán Javier Assad y Taijuan Walker, acompañados por brazos jóvenes con poco cartel internacional. En contraste, Andrés Muñoz representa una auténtica garantía en el relevo.
En la receptoría estará Alejandro Kirk, considerado uno de los mejores en su posición actualmente, además de un sólido grupo de jardineros encabezado por Randy Arozarena, Alex Thomas y Jarred Durán.
Como reflejo de lo negativo que resulta extranjerizar la Liga Mexicana de Béisbol, apenas aportará dos peloteros: el campeón escarlata Julián Ornelas y el receptor felino Alexis Wilson, quienes, en teoría, tendrían rol secundario.
Con todo, se espera que México gane sus dos primeros compromisos ante Gran Bretaña y Brasil para avanzar a la siguiente ronda, donde el panorama se complica al medirse probablemente con una potencia del torneo.
Aun así, queda la esperanza de que el béisbol brinde más satisfacciones que el fútbol, donde ni siquiera la localía garantiza buenos resultados.
Por: Jorge Carrasco V.
Egresado de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM. Periodista activo desde 1981 en diversos medios. Especialista en temas internacionales, deportes y espectáculos. Autor de biografías sobre Pedro Infante y Joaquín Pardavé de Editorial Tomo.





