Hola, soy mexicana

Crecer en una familia transnacional te lleva a vivir en dos mundos, pero también a tener el corazón partido donde, si estás en un lugar, extrañas al otro y viceversa.

Esther Liliana Rivera Sánchez    

Mi nombre es Liliana, nací en la Ciudad de México dentro de un matrimonio transnacional. Mi papá es mexicano, de Hidalgo para ser exacta; mi madre, de Madrid, España. 

En casa crecí escuchando música popular mexicana mezclada con coplas, rumbas y flamenco. Predominaban los intérpretes españoles: Marisol, Rocío Dúrcal, Raphael y, obvio, los Churumbeles y los Bocheros.

Fue a partir de diferentes acontecimientos, entre ellos la muerte de mi padre, lo que hizo que mi mamá se planteara la posibilidad de volver a su país natal para cumplir el deseo de sepultarse en su tierra.

Así, con 45 años, recién divorciada, una niña de ocho, mi amada madre de 80 años y 15 maletas, decidimos emigrar a España hace 15 años. Mi madre vivió sus últimos dos años feliz, reconociendo familia, sabores, olores, colores, el acento de su tierra y ahora descansa donde era su voluntad.

Decidí establecer mi residencia en España, en el norte, en País Vasco (Euskadi). Aquí he tenido la oportunidad de impartir clases de valores a niños. Tomé dos cursos, uno de Operador Marítimo Portuario y otro de sociosanitaria para ayudar a personas dependientes en instituciones y a domicilio, lo cual me ayudó a obtener varios empleos, además del título de profesora de inglés que ya ostentaba. 

En Bilbao, mi hija y yo disfrutamos de paz social, que es algo que se agradece, sobre todo después de ver lo convulso de nuestro México lindo y querido en los últimos años. Aun así, añoramos siempre nuestro país, su colorido, los parques, las casas, el mercado, su gente, la sonrisa, la calidez, esos “¿le ayudo?”, “¿se quiere sentar?”. Echamos de menos LA COMIDA. Sí, con mayúsculas. Aquí la comida es muy distinta, nos cuesta mucho conseguir la mayor parte de los ingredientes para preparar platillos mexicanos.

En Euskadi hay una bella comunidad de mexicanos que nos hace sentir arropadas. Nos damos diario los buenos días, compartimos noticias, sugerencias, recetas de cocina, o cómo realizar trámites administrativos que nos faciliten la vida aquí y celebramos eventos como la fiesta de Independencia, Día de Muertos, posadas, Día de la Madre, entre otras fechas especiales. 

Datos curiosos del lugar donde vivo: 

– Aquí das los buenos días y si tienes suerte, te contestan con un “¡hola!”.

– Si saludas a un adulto mayor y eres mujer, piensan que estás coqueteando.

– Aquí las buenas tardes no son después de mediodía, sino después de comer. 

– Aquí no te pagan por semana ni por quincena, te pagan por mes, por lo que hay que aprender a administrarse muy bien. 

– Puedes enviar mil currículums, pero si alguien no te recomienda, es complicado conseguir empleo.

– En Euskadi el deporte nacional es caminar, no importa que llueva, truene o relampaguee.

– Aquí no hay perros callejeros, hay gatos, colonias completas de gatos callejeros. 

– El ambiente es frío y lluvioso, excepto en mayo, junio, julio y agosto, que hace calorcito; el resto del año es frío y húmedo, eso sí: los montes de alrededor siempre están verdes.

 

Espero que esta reseña de mi experiencia por el norte español les haya dado una idea de cómo se vive aquí. Cabe destacar que es mi percepción y experiencia personal.

 

Edición: Mayra García Sánchez


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