Segundo partido: menos influencers de ocasión

El problema no es que a un político le guste el futbol ni que apoye a México, faltaba más, sino esa especie de necesidad de querer ser influencers de todos los temas, como si la ciudadanía estuviera esperando con ansias saber dónde y con quién están viendo el partido.

Algo curioso pasó con el segundo partido de México en el Mundial. La clase política hidalguense no desapareció de redes, no es para tanto, varios todavía subieron el banner, la frase de apoyo o el “hoy juega México”, porque desaprovechar por completo la coyuntura tampoco era opción, pero sí hubo un cambio: ya no se vio con la misma intensidad la foto o el video del momento exacto, con la verde bien puesta, celebrando el gol, reunidos en restaurantes o lugares públicos para dejar constancia de que también son pueblo mundialista.

 

Ese pequeño ajuste nos dice que si bien no dejaron de subirse al Mundial, sí cuidaron más la forma. Tal vez alguien entendió que en el primer partido se les pasó la mano, sobre todo, porque fue en día y hora hábil o esta vez no había tanto que presumir porque el segundo juego fue por la tarde o ya muy ilusionados podemos pensar que por fin hubo una pizca de mesura. Sea como sea, al menos esta segunda vez, nos ahorramos ver cómo sufren y celebran a la Selección.

 

El problema no es que a un político le guste el futbol ni que apoye a México, faltaba más, sino esa especie de necesidad de querer ser influencers de todos los temas, como si la ciudadanía estuviera esperando con ansias saber dónde, con quién y desde qué mesa están viendo el partido. Hay publicaciones que sí acercan, pero la mayoría sólo recuerdan que para cierta clase política cualquier pretexto sirve para exponerse, aunque no haya nada importante que comunicar.

 

La sociedad no necesariamente premia al político que más historias sube, ni al que más veces aparece emocionado con causas o momentos que nunca antes parecían importarle y menos al que es servidor público en funciones. La cercanía se demuestra cuando hay trabajo, presencia y algo útil que decir; lo demás es frivolidad pura y dura.

 

Tampoco se trata de pedir solemnidad absoluta, nadie quiere políticos tiesos que no puedan disfrutar un partido, pero una cosa es compartir una afición genuina y otra usar a la Selección en la coyuntura política, más cuando muchos de los que de pronto se vuelven expertos mundialistas jamás habían mostrado especial pasión futbolera fuera de la coyuntura.

 

Faltan partidos y seguramente volverán los banners, los jerseys y las publicaciones, pero donde la duda sigue es en si volverán las reuniones cuidadosamente espontáneas o las fotos y videos viendo el juego. En el segundo partido hubo menos espectáculo político, quién sabe, quizá algunos sí aprendieron o quizá simplemente no encontraron buena luz para la foto.