Sobre algunos neoliberales

Mucho se habla de neoliberalismo, pero ¿de dónde surge?, ¿cuáles son sus premisas?, ¿quiénes sus principales teóricos, defensores y detractores? Todo esto es importante saber en el marco de la realidad social que nos ocupa.

El libro “Historia mínima del neoliberalismo”, de Fernando Escalante Gonzalbo, dice que el neoliberalismo es “un programa intelectual, es decir, un conjunto de ideas cuya trama básica es compartida por economistas, filósofos, sociólogos [y] juristas; [que] es también un programa político: una serie de leyes, arreglos institucionales, criterios de política económica, fiscal, derivados de aquellas ideas, y que tienen el propósito de frenar y contrarrestar el colectivismo en aspectos muy concretos; [que] es una ideología en el sentido más clásico y más exigente del término – que no es necesariamente peyorativo; [y que] es sin duda la ideología más exitosa de la segunda mitad del siglo veinte, y de los años que van del siglo veintiuno.” Además, lo define a partir de tres premisas básicas: primero, que en el neoliberalismo el mercado es una creación del Estado, no una abstención de este; segundo, que el mercado se regula a sí mismo; y tercero, que el neoliberalismo parte de la idea de que él mismo es superior en lo ético y en lo técnico a todo lo demás. Afirma este autor que hay otras ideas y otras propuestas, pero que ninguna niega los postulados anteriormente dichos.

La sola definición libresca adolece de las experiencias que hacen que el sistema sea troncal en la formación de un individuo, incluso si esta no llega a ser la opinión o el punto de vista de quien la estudia: ese fue mi caso, y a este respecto recuerdo a mi maestro de Filosofía del Derecho, Arturo Berumen Campos, quien para contestar mi inquietud de su posición política solo respondió: “A mí me gusta Habermas”. Es así que lo emulo, bajo mis propias consideraciones, con lo que resuelvo que a mí me gusta estudiar la Constitución y las ciencias que auxilian a su entendimiento o a su desarrollo.

La primera persona que conocí que se llamaba a sí mismo neoliberal fue el doctor en Economía, Santos Mercado Reyes, autor de “El fin de la educación pública” y de “Prohibido pedir permiso”, libros que por la amistad que tuvimos nos dedicó a mi papá y a mí. De la segunda obra extraigo un fragmento para quienes no la conocen:

“El Ekeko tenía dos guajolotas que le daban dos blanquillos cada mañana. Sin avisar a su mujer, los puso en una canastilla y se acercó a la choza del vecino que no tenía guajolotes. Convenció a su vecino para que alimentara a sus hijos con huevos de guajolote y a cambio le pidió algo de yuca que el vecino tenía en demasía. El Ekeko guardó la mitad de yuca y el sobrante le sirvió para visitar a otro vecino que tenía frijol. El Ekeko tomó la mitad de frijol y el sobrante le sirvió para visitar a otro vecino que el Ekeko sabía que no tenía frijol, pero tenía haba. Así se pasaba todo el día el Ekeko, visitando a sus vecinos para hacer intercambios libres y voluntarios pues a nadie forzaba. Quien no estaba interesado, lo dejaba para otra ocasión y seguían como buenos vecinos. Había descubierto el trueque. […] La lección que el Ekeko estaba dando es que se puede conseguir lo que quieras, hasta donde quieras, sin recurrir a la violencia, sin robar a nadie, sin abusar de nadie. […] Hoy le rindo este pequeño tributo al Ekeko precolombino, quien empezaba a descubrir la etapa más civilizada y próspera de la historia y que Carlos Marx la denominó CAPITALISMO para denostarla, pero no era otra cosa que respeto a la propiedad privada e intercambio libre y voluntario, es decir, mercado”.

Los años que traté a Santos Mercado Reyes fueron amenos y mi concepto de él siempre fue el de alguien amable, honorable y admirable por cuanto a su disciplina y lealtad a sus principios; su discurso giraba en torno a la escuela austriaca de Economía: el profesor se enfocaba de forma especial en el pensamiento de Ludwig von Mises y en el de Friedrich Hayek; sin embargo, el primer libro con el que me dignó como regalo fue “La libertad de elegir”, escrito por el matrimonio conformado por Milton y Rose Friedman, del cual rescaté, en aquellos días, los estadios donde la pareja consideraba que el gobierno sí podía (y debía) intervenir siempre que se tratara de un estado minarquista. A saber, estos estadios son: protección en catástrofes naturales, regulación y establecimiento de vías de comunicación, control de unidades de peso y medida, transparencia, control de calidad e higiene, registros de propiedad, titulación profesional, prohibición de determinados artículos, resguardo de la intimidad y la protección al medio ambiente.

Después de eso, tuve la oportunidad de leer a varios autores, profesores de mi alma mater, en un compendio que lleva por nombre “Heterodoxias liberales”. El historiador Arturo Grunstein Dickter escribió en ese documento respecto a Hayek lo siguiente:

“En CS [Camino de servidumbre], su principal preocupación sobre el avance de la planificación no era que desquiciara la producción, aunque estaba plenamente convencido de ello. Lo que lo afligía, en realidad, era que estaba llevando a la servidumbre a las naciones en las que había florecido la libertad. En pocas palabras, para Hayek, la planificación amenazaba la existencia misma de la democracia, ya que su implementación exigía la supresión de la libertad”.

Los postulados neoliberales eran idílicos porque prometían una utopía y acusaban a su contraparte de distópica, afortunadamente estuvieron empatados en mi etapa formativa otros utópicos, entre los que destaco a Carlos Marx; tuve más fortuna porque a estos autores y a otros que se pronunciaban en sentidos similares los pude acompañar con lecturas de puristas, de semióticos y de innovadores, tanto en la economía política como en el derecho público (por recomendación de mis formadores, por supuesto). El resultado no fue un eclecticismo, sino la posibilidad de nutrir mis conocimientos en el área constitucional.

Es importante citar al constitucionalista Emilio Rabasa Estebanell para esto, porque dijo en “El juicio constitucional, orígenes, teoría y extensión”:

“La opinión vulgar no comenta del Derecho Civil y por esto no ha producido muchos errores en esta rama de la ciencia; pero el Derecho Público la afecta directamente, le interesa y excita, y de aquí su injerencia en materias que supone de la competencia general. Para ella todos los derechos son de la misma naturaleza… lo que para los hombres expertos puede ser solo una confusión de palabras, para el vulgo es un trastorno de ideas: la igualdad civil conquistada para el mundo por la Revolución francesa, se tornó dentro de la misma revolución igualdad política (sic); la justicia de la una marchó junto con el desastre de la otra”.

No demerito la presencia de ninguna de las aristas del pensamiento político, porque tanto ellos como Noam Chomsky, Enrique Dussel o Joseph Ratzinger nutren el pensamiento político complejo, pues al final del día son todos los intelectuales quienes hablarán sobre el poder y todo lo que lo compone desde sus respectivos campos, trátese de economía, psicología, sociología, derecho, administración, o artes.

Siguiendo el recorrido que llevo, quiero relatar que durante la universidad pude escuchar parte de los discursos de los personajes ficticios de Ayn Rand (Howard Roark, Francisco d’Anconia, John Galt, Igualdad 7-2521) y, después de mis estudios de licenciatura, me di a la tarea de ver la película “El manantial” y de leer los libros “La rebelión de Atlas” e “Himno”, teniendo como efecto un respeto a la autora por escribir tan impresionantes obras en las que los defensores de la libertad eran enemigos de los totalitarios, no porque los protagonistas hicieran algo contra los antagonistas, sino porque los primeros pensaban diferente o porque actuaban de un modo que no convenía a los intereses de los detentadores del poder político, lo cual me evoca varios recuerdos que pude atestiguar: rescato algunos de Santos Mercado Reyes, por ser el pensador neoliberal más cercano que tuve y es que a muchos años de haberlo conocido todavía son impolutos los recuerdos en el que algunos trabajadores de la universidad, estudiantes que se autoproclamaban de izquierda y académicos ideológicamente contrarios a él, lo vilipendiaban a sus espaldas, le gritaban improperios y se escondían entre las multitudes, arrancaban y tiraban a la basura las invitaciones de sus cursos que estaban pegados en las paredes de la universidad y comentaban que el profesor era enemigo de todos ellos; pero el más interesante de estos recuerdos es que en alguna ocasión la Dra. Sylvie Jeanne Turpin Marion, quien fungió como secretaria de la Unidad Azcapotzalco de la UAM, le envió un oficio al profesor para pedirle que no escribiera ni compartiera sus artículos desde el correo institucional de la Universidad. La respuesta de Santos Mercado se encuentra en este vínculo.

Tiempo después llegué a una reunión de “Caminos de la Libertad” en la que participó Fausto Alzati Araiza, exsecretario de Educación Pública de México. El exfuncionario dio una disertación abundante en autores y en contenido en la que expresaba posiciones con las que, en ese momento, ya estaba familiarizado, pero su habilidad con la palabra hablada y el hilvane del tema con su vida privada, especialmente lo tocante al amor, hicieron de su ponencia otro momento cumbre de mi formación.

Muy a propósito de esta reunión, comento que mi presencia fue coincidencia y no una formalidad, y de esto puedo decir que no tuve la oportunidad de estar cerca de su coordinador – el filósofo y analista político Sergio Sarmiento –  hasta muchos años después, pero por infortunio mío, y aún habiéndome sentado junto a él, sigo sin poder intercambiar palabras ajenas a los saludos. Por cierto, “Caminos de la Libertad” premió hace algunos años a un monero muy conocido por los hidalguenses, Iván Tapia (Ivanevsky), por un cartón que mostraba cómo se convierten los revolucionarios en totalitarios; mientras que a mí me ha permitido leer a algunos de sus galardonados por su concurso de ensayo.

Con el tiempo llegaron a mis oídos y a mis ojos las palabras de más y de nuevos pensadores que en el fondo son neoliberales, sea como sea que ellos se llamen así mismos, los últimos dos fueron Arturo Damm Arnal y Félix Velez Fernández Varela, cuya participación en un conversatorio al que asistí hace unos meses hicieron ruido y causaron admiración, molestias, desencantos y encantos entre los asistentes. A título personal, fue el primero de los conversadores quien me motivó por su habilidad para expresar claramente sus ideas, cuando intercambié palabras con él fue gratísima la sorpresa, pues hablamos de un viejo amigo de ambos: Santos Mercado Reyes.

Finalmente, el marco del conocimiento es enorme: Dennis Prager, Gloria Álvarez, China Brandolino y Agustín Laje son ejemplos de pensadores denostados por la izquierda latinoamericana. Sin embargo, sus pronunciamientos son los que hacen que sus opositores hagan excelentes producciones académicas de izquierda.

Me despido dejando la recomendación de no cerrarse a un solo postulado, o una sola idea, como si se tratara de un dogma: las posibilidades son enormes, no hay que olvidar que la especialización no es una cerrazón sino una focalización.

 

Autor: Iván Mimila Olvera

Abogado y asesor en materia constitucional y autor de los libros "Cuestionario de Derecho Constitucional" y "Cuestionario de Derecho Constitucional de los Derechos Humanos". Actualmente es litigante en activo y asesor de diversas organizaciones de la sociedad civil.


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