Atrapados sin salida

El planeta se desgarra con más de 7 mil millones de pobres, mientras un grupúsculo se enriquece y engorda a través del control del Estado y sus cuerpos de milicias.

Este es un mundo sin esperanza; la perdió hace siglos.

Este sistema, con la ironía del carnicero, desde hace siglos nos enseñó que no existe lógica para lograr estabilidad económica y, por el contrario, creó el mito de que “si trabajas, logras tus sueños”, cosa que es menos que la quimera del oro del viejo oeste americano.

Hoy el planeta se desgarra con más de 7 mil millones de pobres, mientras un grupúsculo se enriquece y engorda a través del control del Estado y sus cuerpos de milicias; allí sólo existe represión, allí miles de profesionales son obreros de cuello blanco y los obreros zombis que deambulan en factorías para entregar con su sangre la acumulación de riqueza para los buitres del poder.

Vivimos del mito y el capital simbólico en imaginarios colectivos donde los estereotipos de la riqueza, la belleza y la verdad solo nos han dejado maldad y presión, sin que nos hayamos rebelado y revelado frente al control de las élites del poder, esas mismas que roban y engañan, que hablan de honestidad y honorabilidad.

En la complicidad, la religión instituida se encarga del bálsamo de la trascendencia, jugando con el pensamiento mítico-mágico-religioso al que todos los pueblos acceden, aunque sea desde la ciencia.

En ese aciago escenario se pierden la libertad y la justicia, mutan hacia los ídolos del mercado y engranan en las disputas del egoísmo más ciego y absurdo, incluso llevándonos a guerras contra pueblos que nada nos han hecho para que las élites usurpen sus territorios y sus riquezas.

Vivimos encadenados a los apetitos de estos grupúsculos que son indolentes e insensibles a lo pestilente; han hecho de la mierda social su territorio y del mercado, su paraíso. 

Hoy, la pandemia es un momento idóneo para perpetuar con un monstruo social el control de los pueblos; es la justificación exacta a eras de desolación que nos han esclavizado desde la cultura, la educación y la religión, creando las cadenas invisibles que enturbian la conciencia de hombres y mujeres.

 

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Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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