Cósmico

Desesperanza, soledad, incredulidad, hastío… Carlos Barra muestra un capítulo en la vida moderna, “cósmico, sin fronteras ni epitafios”.

Con la frialdad del hielo y la oscuridad de la caverna, así se entrega la fragilidad de un suspiro vacío, sin aliento, sin esperanza.

Cósmico, sin fronteras ni epitafios, allí la vida se estrecha, aparecen las luces distantes del corazón para latir sin esperanza ni razón; quizá por la inmensa soledad, con esa realidad se resquebraja el ser, se pierden las ilusiones para dar paso a la oscuridad eterna.

Sin piedad como las olas que golpean la roca se estrujan los sueños perdidos, sin horizonte alguno, con la mirada perdida en la última ilusión, aquella que se diluye en los sórdidos recónditos de la esperanza, para que el estrepitoso estruendo de la melancolía jamás refleje lo que el corazón grita.

Pero en ese vaivén oceánico la verdad se hunde, se arrastra y se niega, porque los pasos de los que pisotean al débil vuelven nula la realidad; se impactan como moscas en la pared, como el torbellino de un ser ignaro, como la misma soledad que embarga el desnudo de una rosa para tapar el sol con la palidez.

En ese sendero absurdo se mueve la vida, en ese peligroso laberinto se precipitan las notas de mis palabras, que sin melodía se agotan y se secan, porque la savia de su sabiduría es invisible para los ojos de envidia o egoísmo, el porqué ha perdido sentido y espacio, se resquebraja en la incredulidad social.

Cósmico, como el cegador estruendo de la luz del sol. Cósmico, como los delirios de un orate que no se escucha, que no advierte que todo se ha perdido y que la voluntad es un resquicio vacío, una torpeza del corazón, el suspiro del exiliado, aquel que desde su niñez tenía los grilletes de la historia.

Se acaban las horas efímeras de la mocedad, se extingue el rayo de la inocencia, se pierden los pasos en la arena y mis huellas asemejan el agua que fluye en el manantial; su frescura se diluye en el calor de su cuerpo, tierno y dulce, de espuma y caracola, sólo para hacer del viento el murmullo de los duendes.

Y si me despido de la ternura y el amor quizá no sea para siempre; quizá la última mirada acapare la desolación, pero de algo estoy seguro: los consejos perdidos no ilustran, son un camino ciego que no retumba en los muros, aquellos que vuelven cósmico el laberinto de nuestro ser.

Consultoría política y lectura del Tarot: barra_carlos@hotmail.com

Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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