Hola, me llamo Alma

Sirva esta primera entrega para dejar en claro el tema a tratar: no hay tema; será, por tanto, una miscelánea de asuntos que la vida vaya acercando a mis sentidos.

Estuve en silencio el tiempo necesario. Hoy, en las primeras horas de mis treinta y cinco años, he decidido terminar la pausa activada por mí misma hace un par de años. La razón es lo de menos, con el paso del tiempo es posible que ambos, tú y yo, podamos descubrirla. Te hablo a ti, porque nadie más importa mientras tus ojos recorren estas líneas; no escribo para nadie más que para ti y para mí.

Sirva esta primera entrega para dejar en claro el tema a tratar: no hay tema; será, por tanto, una miscelánea de asuntos que la vida vaya acercando a mis sentidos. Así, como en las tiendas, el día que me pregunten si busco algo, mi respuesta será: gracias, sólo estoy viendo.

Yo ya escribía antes de hoy, en este mismo espacio, pero en otro giro: la música. Dejé de hacerlo porque me cansé de ser una enciclopedia, de eso hay mucho en todos lados. Disfruté mandar indirectas, claro; me divirtió mezclar el pasado con el presente, por supuesto; sin embargo, ese tema de antes pedía a gritos quedar así, irme de él sin despedirme, separarnos porque era lo que tocaba (tan parecido al amor).

Deseaba quitarme de la frente la etiqueta que me persiguió durante casi dos décadas, ahora prefiero no definir lo que hago, lo que me gusta, lo que no me gusta…porque todo eso puede cambiar dentro de diez segundos.

Bienvenido seas, pues, a este nuevo espacio; gracias por formar parte, de una u otra manera, de lo que suceda a partir de hoy.

Y feliz cumpleaños a mí (tenía que decirlo).

Hasta la próxima.

Autor: Alma Santillán

Pachuqueña. Cuenta con un título universitario que sólo menciona cuando es necesario. Escribe por gusto y sin fines de lucro, aunque si en el camino sucede, qué le vamos a hacer. Le gustan los gatos, pero por el momento tiene un perro.



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