Los principios de la razón pura en Kant

Los científicos tienen que admitir que el pensamiento cotidiano y su complejidad dejan de lado a la “razón pura”.

Cuando nos enfrentamos al laberinto de la razón como herramienta que vuelve inteligible la realidad social y más allá de esta, estamos en uno de los terrenos más líquidos del ser, porque nuestra construcción social de la razón no le otorga “pureza”. Emmanuel Kant hizo lo propio desde el pensamiento analítico para plantear que no hay razón pura, que no puede existir un planteamiento que mire la realidad sin una discriminación analítica de la misma sin importar su profundidad. 

Habitualmente, le conferimos un peso brutal a la razón científica como premisa “casi” inamovible de la razón cierta y analítica, y ponemos en un segundo plano al pensamiento cotidiano. Pero si esto es verdad, ¿cómo ha vivido y pervivido la humanidad con el pensamiento cotidiano? Esta interrogante muestra que los juicios analíticos no se presentan, exclusivamente, desde el pensamiento científico y desde el método científico.

Freud entendió que cada persona suele tener una concepción mucho más pobre sobre sí mismo que lo que las demás personas perciben de nuestro ser, es por ello que le conferimos al pensamiento cotidiano un menor escaño dentro de la razón, pero la realidad es que ningún pensamiento resulta “puro” y mucho menos el hecho de que la razón científica y su carácter analítico puede sustituir al pensamiento cotidiano como herramienta de pervivencia social.

Los científicos tienen que admitir que el pensamiento cotidiano y su complejidad que advirtió Kant dejan de lado a la “razón pura”. No hay razón pura, toda razón es compleja y es intrincada, pero al tiempo genera estrategias sociales de diversa índole que terminan por propiciar respuestas y caminos que han construido nuestra civilización.

Kant, en la tipología de la razón, consideró a los juicios apriorísticos como inherentes a la búsqueda de respuestas apriorísticas, pero que se abren paso hacia la construcción de respuestas operativas que hoy, desde el psicoanálisis hasta el conductismo, admiten como la presencia de una inteligencia que no se nutre de manera “pura” para edificar soluciones a problemas de lo cotidiano.

¿Cuántas veces no hemos visto el pensamiento de un campesino, albañil o mecánico, resolver al margen del conocimiento científico una tarea cotidiana?

 

La ciencia es ciencia porque no es pura y su razón no puede serlo.

 

Consultoría política: [email protected].

 

Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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