Sobre la militancia y la prensa militante

Fuera de los espacios destinados a la prensa de militancia, las opiniones periodísticas con contenido militante son disolutas, pervertidoras, fascistas y censurables.

Existe una gran discrepancia entre lo que dicen Nino Canún, Carmen Aristegui y Julio Hernández “El Astillero”, entre otros, con lo que dicen las personas que convierten la realidad nacional y local en un espectáculo para las militancias partidistas. Los primeros que menciono son astutos y considero que entienden la naturaleza del poder y de la mente humana, en especial la del pueblo mexicano. Estos periodistas saben ganarse la confianza de sus receptores, incluyendo a los que son parte de la sociedad política. Además, han tenido una lucha que recuerda, en la novela de Mijail Bulgakov El maestro y Margarita, la llegada de Vóland (Satán) y de su séquito, toda vez que su actuación no espera ser amable sino violenta, anticipada a sus enemigos, que cause estragos y que con ello ganen respeto.

Los segundos comunicadores son apólogos cínicos, perversos y miembros de los sempiternos buscadores del poder político (en su respectiva esfera), tal pudiera ser el caso de un presidente de la nación que se ha convertido en periodista o de un periodista que se convirtió en presidente municipal, de académicos que se convierten en inteligentsias sofistas, de abúlicos que – por nepotismo o compadrazgo – se dedican al latrocinio de las instituciones y de comunicadores a los que se les paga por el escarnio.

Por ello, considero oportuno mencionar que mis valores éticos, políticos y jurídicos me conducen a evitar textos que fortalezcan mi membrecía partidista, puesto que los motivos que mueven a la prensa de militancia deben de estar contenidos en los espacios que les corresponden, sin importar que se trate de una causa justa o una privada; estos espacios son las gacetas de los partidos políticos, como La república, del Partido Revolucionario Institucional o Regeneración, del partido Movimiento de Regeneración Nacional. Creo firmemente que, fuera de esos espacios, las opiniones periodísticas con contenido militante son disolutas, pervertidoras, fascistas y censurables.

No debo dejar de mencionar que la democracia dirigida (también conocida como “democracia mediática” o “de medios”) es una de las causas principales que ha conducido a miembros de las militancias partidistas a migrar – no a desplazarse – a campañas o partidos que pueden no coincidir con sus percepciones más íntimas, pero dentro de las que esperan beneficiarse, tal como lo hizo el político francés Joseph Fouché durante la Revolución francesa, el imperio de Napoleón y la restauración borbónica.

En el mismo tenor histórico menciono que, al escuchar a la prensa militante disfrazada de objetiva, y a los militantes de un partido llamando traidores a la patria a los del otro bando, evocan a mi mente tanto al periódico L’ami du peuple y a su director, el doctor Jean Paul Marat, quien fue el terror de la población francesa al triunfo de su movimiento armado en 1789, pues su causa fue llevar a la guillotina a los enemigos y traidores de la Revolución.

Por otro lado, si el pensamiento político de una institución se consagra a través de la membrecía que se hace en el marco de las democracias representativas, esta puede manifestarse dentro de la legalidad a través de la propaganda, de las intervenciones en la vida gubernativa, de las manifestaciones públicas, de boicots de distintas causas, o consumos, de la recolección de firmas para lograr objetivos particulares y de la invitación al voto; y dentro de la ilegalidad a través de la conjura, la rebelión, la revolución, el atentado, la conspiración, el motín, el cuartelazo, la sublevación o la sedición y otras formas que al menos existen en los textos de autores griegos y latinos.

Como no quiero causar polémica al mencionar periódicos de distribución nacional o local, y como no voy a mencionar tampoco a los intelectuales o académicos beneficiados por sus opiniones vertidas en espacios públicos, me despido recomendado la serie Foundation de Apple TV, que expresa cómo una idea puede ser premiada o castigada y los motivos que conducen a una persona a aceptar o rechazar esas invitaciones.

Autor: Iván Mimila Olvera

Abogado y asesor en materia constitucional y autor de los libros "Cuestionario de Derecho Constitucional" y "Cuestionario de Derecho Constitucional de los Derechos Humanos". Actualmente es litigante en activo y asesor de diversas organizaciones de la sociedad civil.


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