Mi maestro me acosa

¡ALTO! Es urgente poner un alto al acoso en las aulas universitarias y en cualquier otro escenario; no es “lindo” ni “amable” hablar del cuerpo de las mujeres.

Una de las primeras relaciones de poder que experimentamos los seres humanos es la que tenemos con nuestros profesores. El maestro es una figura de autoridad que tiene un papel importante en nuestras vidas; sin embargo, hay quienes, desde ese lugar de poder y conscientes de su rol en la formación universitaria específicamente, acosan y hostigan a sus alumnas.

Los 25 casos de acoso sexual registrados en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) en los últimos cuatro meses han sido motivo para que las estudiantes salgan a las calles a manifestarse, como resultado de las acciones del Comité de Lucha Universitaria de Hidalgo (surgido en diciembre de 2019), que busca hacer frente a las situaciones de abuso en contra de universitarias.

Es una realidad que en las aulas existen hombres quecon pleno conocimiento de sus acciones, hostigan y acosan a sus alumnas. Hay quienes no lo hacen, eso también es real; también hay algunos otros profesores que se “conforman” con hablar de las alumnas bellas que tienen, califican sus cuerpos, les ponen apodos, hacen bromas de ellas con otros profesores y alumnos hombres.

Y en este medio hay autoridades (incluidos hombres y mujeres) que deciden que el acoso no existe, que las alumnas exageran, que los profesores sólo son “lindos” o “amables”; hay mujeres hablando de compañeras que acosan a los profesores por una calificación (mostrando el pleno desconocimiento de lo que el acoso significa y de cómo funciona el ejercicio del poder en las aulas universitarias) y una serie de personas que siguen mirando los hechos de las mujeres y no las conductas de los hombres que tienen a su cargo la educación de una nueva generación de personas.

Salir a reclamar a las autoridades una sanción justa es un gran paso, pero también sería un gran paso que todos los profesores comenzaran a cuestionarse sus actitudes y a reconocer las veces que han acosado no sólo a sus alumnas, sino a las mujeres que los rodean.



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