Pan y circo

Es necesario definir la legalidad y la legitimidad, pues ambas inciden directamente en la vida de la sociedad y la manera en que esta será conducida por quienes ostentan el poder.

Uno de los cuestionamientos fundamentales para entender el peso de la relación social entre Estado y ciudadanos es, sin duda, la legitimidad del poder.

Un contexto-realidad es legítimo cuando se construye en el consenso de lo que es “justo” y es legal, cuando se construye desde el entramado legal; por ende, no son sinónimos y no pueden serlo, pero ambos vectores tienen un peso fundamental para explicar el poder del Estado.

La legitimidad es un vector que garantiza la estabilidad y aceptación social, mientras que la legalidad es la espada del poder político que impone por violencia de Estado él y los fundamentos de la operatividad de ese Estado, lo que perfila el control político y establece las condiciones del ejercicio de gobierno.

Sin embargo, uno de los factores que reditúa que la legitimidad y la legalidad se erijan como instrumentos de control político se edifica en el imaginario del pensamiento colectivo, lo que los psicólogos nominan “psicología de masas”, donde se construye, como señala Edgar Morin, “la alienación”, proceso mental de manipulación donde las personas pierden contacto con una realidad enajenándose, es decir, quedando ajenos a los criterios analíticos y de fundamento crítico que les permiten entender en su justa dimensión una realidad.

Existen innumerables formas de alienación social, como la religiosa, la del trabajo, el nacionalismo, el ciberespacio náutico, en fin, todas ellas proclives a ser encausadas por grupos de poder, de los cuales no solo es partícipe el Estado, sino también los agentes que manejan el mercado en todas sus dimensiones, como el caso del futbol.

En Roma, el adagio “pan y circo” era una expresión del control político de la comunidad política y generaba los dividendos de conductas alienadas que en su época poco fueron planteadas por los grandes filósofos, pero sin duda tuvieron los estragos de las carnicerías y opresión social de los imperios.

Los procesos de alienación suelen hacer parecer a la legitimidad y la legalidad de las dimensiones de la realidad como producto del consenso social, pero en términos estrictos son solo las parafernalias de la oscuridad de los intereses que las manipulan a su antojo.

 

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Por: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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